|
HABLAR DE DESARROLLO INTEGRAL ¿ES UN PLEONASMO?
Por: Eduardo Fuentes
Cuando pensamos en el desarrollo del ser humano o de una organización, de inmediato nos vienen a la mente conceptos como capacitación, entrenamiento, eficiencia, productividad, actitud, ambiente laboral, creatividad, destrezas, habilidades, trabajo en equipo y toda una cauda de términos e ideas que van apareciendo o desechándose, según dictan las teorías en boga.
Mi añorado maestro de lógica, ética y estética, Don Alfonso Romera, solía hablar de las potencialidades del ser humano como grandes copas que había que rebosar a lo largo de la vida para alcanzar la plenitud. Aludía a diversos dominios como el afectivo, el intelectual y el emocional.
Nietszche, el gran filósofo, filólogo y humanista pone en boca de su Zaratustra, algunos años antes la misma imagen de la copa desbordada de dorada sabiduría, que indicaba el momento en que el sublime ermitaño debía emprender el retorno desde su montaña para compartir sus hallazgos.
Hoy, dos grandes pensadores de distinta cepa, uno nietszcheneano, Rafael Echeverría y otro del mundo chamánico tolteca, Miguel Ruiz, nos develan el poder generativo del lenguaje, su capacidad de transformación y de constitución de mundos y realidades.
R. E. nos muestra cómo la esencia del alma humana está integrada por tres dominios fundamentales;
CORPORALIDAD
EMOCIONALIDAD Y
LENGUAJE
Y cómo entre los tres existe un vínculo indisoluble. Nos señala además, el cómo podemos influir en cualquiera de ellos, a través de los otros dos, en la búsqueda de la expansión del ser, de su desarrollo pleno.
Todo ello nos lleva a la noción de integralidad; nos remonta a la consigna olímpica del cuerpo sano como una precondición para el desarrollo de una mente igualmente sana. Nos acerca a la noción de la unidad del ser.
Por tanto; regreso a la pregunta que encabeza esta nota, ¿Podemos hablar de desarrollo humano u organizacional de manera parcial?; ¿No es consustancial al desarrollo, que se atiendan todas y cada una de las partes?
El individuo en la búsqueda del sentido de su existencia, es como una esfera, que espera ser plenamente desplegada.
Solemos enfocarnos en aquellos aspectos que nos resultan atractivos, seductores o que simplemente fluyen naturalmente en nosotros a manera de vocaciones o inquietudes. Una de las leyes humanas más recurrentes, sobre todo en el mundo moderno, es la del “menor esfuerzo”, la cual nos lleva a desplegar tan sólo aquella energía que permite solventar las necesidades básicas; el hombre contemporáneo ha perdido sus marcos de referencia; busca ante un mundo de incertidumbre y plagado de amenazas, tan sólo su supervivencia. No cuestiona el sentido de la existencia, sólo aspira a solventar sus necesidades más imperiosas. Sus resabios tribales lo obligan a proteger a sus dependientes, pero ha dejado de elevar la mirada al cielo y admirarse ante el infinito, el movimiento de los astros o el vuelo del colibrí; ha olvidado igualmente a su cuerpo como uno de sus principales atributos. A lo emocional se le minimiza o se reprime y se le ve como un elemento disruptor de la eficiencia.
¡Enajenación!, gritaría Marx.
Por tanto, cuando hablamos de DESARROLLO HUMANO, el desafío es tremendo; el reto está en reencontrar la noción de unidad y propiciar el equilibrio dinámico entre los ámbitos intelectual, físico, emotivo, moral y afectivo, para después atender tanto el social, como el organizacional, sin descuidar la responsabilidad con el entorno.
Ya en el mundo de las organizaciones podemos aplicar exactamente los mismos parámetros, entendiendo que mucho más importante que la propia supervivencia, es la contribución al desarrollo del saber, a la creación de condiciones propicias para que todos sus miembros alcancen la plenitud y al saneamiento del planeta.
Culmino reflexionando que:
- Sólo puedo expandir mi horizonte mediante el aprendizaje.
- Sólo aprendo si admito que no sé
- La ESCUCHA es el mejor vehículo para el aprendizaje.
- Cuando el aprendizaje logra cambiar mis acciones, me transformo.
- Mi transformación enriquece al mundo.
- Humildad y deseo de transformación son el camino hacia el desarrollo del individuo y de la sociedad.
- El cambio parcial es insuficiente. El individuo y las organizaciones sólo logran su desarrollo y transformación, cuando entienden y atienden todos los aspectos de su ser.
- Por lo tanto sólo cuando es integral, podemos hablar de desarrollo.
Eduardo Fuentes Uquillas es
Lic. En Derecho {UIA},
Maestro en Administración Pública {CIDE},
Coach Ontológico {NEW FIELD},
Fundador del Centro de Desarrollo
Integral / CAMPO KRASIBA
www.campokrasiba.com
Otros
Artículos de esta Edición
Dime con quien andas
|